La segunda de aquellas semillas (de dolor) germin贸 pocas noches despu茅s, en el que llaman Rito de Lealtad.

A diferencia de lo sucedido en el cementerio, a este Ritae acudieron nuevos monstruos.

Monstruos ansiosos de sangre, sombr铆os, corrompidos, con los colmillos hastiados de veneno.

Entre ellos, estaba de nuevo el Sacerdote. El mismo sepulturero desde帽oso de voz estridente, que una vez m谩s oficiaba.

-¡Hermanos y hermanas! Nos reunimos bajo el manto de la noche para tomar el juramento de dos v谩stagos que creen ser dignos de nuestro Padre- Empez贸 aqu茅l su letan铆a, mientras los miembros del aquelarre se congregaban en c铆rculo en torno al fuego.

Doy un paso al frente, mirando al Sacerdote. A mi lado, un anciano, de aspecto lastimoso y apergaminado, se mantiene en pie con dificultad.

- ¡Ira y Eidrian, de rodillas! - Exclama arrogante el Sacerdote.

Y entonces aquel viejo decr茅pito que hab铆a resultado ser mi compa帽ero accidental de rito mostr贸 un inesperado gesto de dignidad, despreciando la autoridad del Maestro, neg谩ndose a obedecerle, manteni茅ndose en pie [...]


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