Dude me ense帽贸 el mito de Lilith. Si ella cre铆a en alguna clase de espiritualidad seguramente era en ella, la primera mujer. Era capaz de ver su influencia en los lugares m谩s diversos, en la figurita guardada tras una mampara de cristal en un museo de historia, en los bailes sincopados de una liturgia vud煤 o en el ritual de apareamiento de una mantis.

Pero nunca la habr铆a imaginado como la versi贸n femenina de la primera vampira alimentando a Ca铆n con su propia sangre. Todo esto me lo cuenta Vince con detalle. Poco a poco me va narrando los cap铆tulos de una historia que se remonta a decenas de miles de a帽os, y que trata tambi茅n de la maldici贸n de los cuatro arc谩ngeles a Ca铆n, de las disciplinas vamp铆ricas, de los abrazos a Zillah, Enoch e Irad y a los antediluvianos, de la diablerie de Troile, del C贸digo de Mil谩n y de las l铆neas de sangre…

Y todo gira en torno a la Vitae, que es alimento, v铆nculo, condena, magia de sangre...

... poder.

El poder sobrenatural que necesito para traer a Dude de vuelta a casa.

La madrugada cay贸 hace rato sobre las calles del barrio y es hora ya de cerrar el club y de subir a dormir.





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