No sé si fue culpa de la maría o del calor insoportable de mayo entrando por el balcón… Hoy he dormido hasta pasado el mediodía, pero no han sido dulces los sueños, precisamente. Otra vez los fantasmas se colaron en ellos mientras una maraña de sábanas arrugadas se anudaba entre mis tobillos. Y veo en sueños a Dude conmigo, sólo vestida con su fantástica sonrisa, y estamos juntas leyendo, bebiendo, fumando y riendo, celebrando días más felices. Y ella haciéndome sentir cuidada, hablándome con su voz clara y serena. Las dos fuertes y orgullosas, abrazadas la una en la otra frente al ventanal de nuestro cuarto, levantado sobre el techo del club.
Y luego el súbito y estridente batir de alas de una bandada de cuervos golpeando los cristales, y Dude tirada en el suelo, inerte, y la sangre tiñendo de carmesí su pecho, recorriendo sus manos y su rostro, manchando el entarimado de madera, y de su boca abierta, emergiendo, un revoltijo de vísceras ensangrentadas… Y despierto entonces con un grito ahogado a las 14:58 de la tarde de este sábado de principios de mayo de mierda. Sola y enferma.
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