Debía salir por las noches, sola, a primera hora, en busca de alguna víctima.
Daba igual de quien se tratara. Por supuesto, Vince las prefería jóvenes y pálidas, la Tzimisce solo prestaba interés por ciertos aspectos anatómicos, despreciando el resto. Pero en general, daba lo mismo, con tal de tener una bolsa de sangre caliente con la que saciar el hambre.
Así que salía de caza, casi siempre fuera de nuestro dominio. Era yo la que arriesgaba.
Interpretaba mi papel. A veces hacía de comercial de discoteca repartiendo flyers. Otras, me hacía pasar por chica con problemas buscando ayuda. Pero las más, ejercía de puta esperando al primer cliente de la noche. Era el plan que nunca fallaba.
Cualquier cosa valía con tal de ganar la confianza de quien fuera y que siguiera mis pasos hacia una muerte cierta.
