La primera de esas heridas naci贸 la noche de mi Rito de Aceptaci贸n.

Tuvo lugar en un predio ajardinado, en los alrededores de un cementerio remoto, una madrugada h煤meda y sombr铆a.

- Ira Darksoul, pasa al frente y de rodillas -. Exclam贸 el Sacerdote de la manada, mientras me indicaba con su 铆ndice el lugar apenas visible donde deb铆a arrodillarme, frente a una tumba abierta, un ata煤d y una pala tendida en el suelo. 

Est谩bamos solos, o eso cre铆 en ese momento, con la 煤nica compa帽铆a de una mujer de aspecto abstra铆do y enfermizo, que permaneci贸 en todo momento en riguroso silencio. 

Tras contemplar durante unos segundos aquel lugar de enterramiento, di un paso adelante y me arrodill茅 lentamente.



- Esta noche, Ira, frente a nuestro Padre, dejar谩s atr谩s cualquier rastro de humanidad o morir谩s en el intento-. Dijo, con tono ceremonial, para luego lanzarme una patada en la boca del est贸mago. 

Fue un golpe fuerte, pero no lo bastante para doblegarme. Reprim铆 el dolor con dignidad. Me mantuve firme. As铆 que el Sacerdote, con gesto de satisfacci贸n, embisti贸 nuevamente, esta vez en repetidas ocasiones, castigando indistintamente todo mi cuerpo hasta que ca铆 desplomada, inconsciente, a sus pies.


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