Caminamos sobre las vías del tren.

Es una noche de verano. Las luces de la ciudad apenas nos permiten distinguir las traviesas y las piedras del camino.

Va delante de mí. -Vamos, Anna. No te quedes atrás- Me anima, seguro de sí mismo.

Yo avanzo, dando traspiés, con los pies descalzos sobre el riel.


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