Hubo un tiempo, antes de que la ciudad se alzara orgullosa a ambas orillas del r铆o, en que no era m谩s que una pobre aldea de casas panzudas y calles embarradas. En aquel tiempo la aldea sufr铆a como nunca los embates de la desgracia y sus pobres moradores anhelaban una vida sin su fatal influencia.
- Si pudi茅ramos escapar del mal -, se dec铆an - cu谩nto mejor
ser铆an nuestras vidas -.
Un d铆a, mientras el maligno Vac铆o descansaba tumbado en la
hierba, una valiente ni帽a de la aldea anud贸 a su tobillo una campanita
plateada.
De este modo, cada vez que el mal merodeaba por la aldea se escuchaba el tintineo met谩lico de la campanita y los vecinos, alertados, hu铆an presurosos a esconderse.
El Vac铆o no tard贸 en darse cuenta del ardid e intent贸
desprenderse de ella, pero el nudo hecho por la ni帽a era tan peque帽o que sus
alargadas y deformes manos no pod铆an desatarlo.
Entonces el mal se disfraz贸 de mendigo, cubri贸 su cuerpo con
un manto, cogi贸 una ca帽a de madera con la que golpear el suelo y comenz贸 a
pasear de este modo por las calles.
Pero, a pesar de los golpes, los habitantes de la aldea
distinguieron el sonido de la campanita y se alejaron de 茅l, refugi谩ndose en
sus casas, cerrando puertas y ventanas.
Despu茅s de aquello, el mal tom贸 la forma de un gato negro y
se adentr贸 por los rincones m谩s oscuros del pueblo. Pero aunque el cauteloso
gato trat贸 de moverse con sigilo, tambi茅n termin贸 por hacer sonar la campanita.
Pero el Vac铆o no se dio por vencido. Escarmentado de la mala
experiencia, urdi贸 un nuevo plan. Esta vez adopt贸 la forma del agua y se fundi贸
con las corrientes del r铆o. La campanita plateada, m谩s pesada, se hundi贸 hasta
llegar al fondo y as铆 el mal pudo entrar en la aldea sin levantar sospechas.
Aquella noche, mientras los aldeanos dorm铆an, el r铆o se
desbord贸. El agua empez贸 a subir de nivel, cubriendo las calles y col谩ndose en casas y en establos. El
agua subi贸 m谩s y m谩s, lentamente aneg谩ndolo todo, ahogando durante el sue帽o con
su mortal abrazo a todos: ni帽os, mayores y ancianos.
Al d铆a siguiente, el pueblo amaneci贸 cubierto bajo las aguas. Todo 茅l estaba sumergido, excepto la torre del campanario. All铆, encaramada a lo m谩s alto, estaba la desgracia. Burlona, ta帽endo con fuerza las campanas mientras re铆a y bailaba su danza macabra, al fin vengada.



