Han pasado algunos días desde que Rohn y Ambar se escondieran en un apartamento en el Le Avant, tras sustraer los 12 kilos de cristal a los chicos de Bullet. Uno de esos viejos y sucios apartamentos que suelen rentarse por horas para celebrar breves intercambios comerciales y refugiarse de miradas indiscretas; un pequeño nido de una única pieza con muebles desparejados y ventanas ciegas donde compartir y disfrutar en soledad de su botín tóxico.
El peligro ronda a pocas calles, sin embargo. Las ratas de la ciudad podrían dar con su paradero en cualquier momento. A estas alturas, Ambar ni se atreve a salir a la calle, ni tan siquiera mira ya entre las maderas mal claveteadas de la ventana. Descansa recostada sobre el catre desaliñado, y se acurruca en los brazos de Rohn, mientras éste fuma dando largas caladas, apurando cada cigarrillo.
“I dreamt a Dream! What can it mean?
And that I was a maiden Queen,
Guarded by an Angel mild:
Witless woe was ne’er beguil’d!”
[Continúa]
