Ambar prepara un baño. Vierte aceite aromático elaborado con ajenjo, lichis y otras hierbas en el agua templada y algo turbia que surge de la tubería oxidada. Tras llenar la pila se descalza y se desprende de los leggins y la camiseta, que deja caer descuidadamente a sus pies. Desde la cama, Rohn la observa detenidamente, en silencio. Luego arroja la colilla al otro extremo de la habitación, se incorpora y se acerca hasta ella.

El la besa en el agua, con los shorts aún puestos, empapados… Sus besos son ásperos, vehementes, son besos con el apetito de un animal voraz, ansioso por saciar la sed.

Ambar corta con unas grandes tijeras desafiladas el pelo mojado de Rohn. No le importa el resultado, simplemente lo corta desde la raíz, casi como si lo afeitara. Después se gira sobre sí misma, dándole la espalda. Con el mismo desinterés siega su larga melena negra, que se desliza, a grandes mechones, en el agua estancada.

          “And I wept both night and day, 
          And he wip’d my tears away, 
          And I wept both day and night, 
          And hid from him my heart’s delight.”

[Continúa]