Seguimos trabajando en clase el programa de danza para L'Histoire du soldat, de Stravinsky.
Llevamos con él ya casi un mes. Me siento abrumada con su ejecución, y a la vez es muy estimulante, porque el programa es maravilloso, con mucho drama, mucha plasticidad, y es Stravinsky!
Y eso a pesar de que la profesora vuelve aburridas las clases con su estilo mecánico y técnico.
Sus series de grand pliés y batlements no terminan de funcionar, le faltan alma. Y son agotadoras.
Esta mañana ha echado a una alumna de clase por hablar. No es cierto. Nadie se atreve a hablar nunca en clase. Es arbitraria e injusta con nosotras.
