Hoy ha ocurrido algo inesperado.
La profesora de técnica clásica ha causado baja en el centro. Comentaban esta mañana que la han despedido, que tuvo una agria discusión con el Director en el claustro de profesores y que por ese motivo la han cesado.
No entiendo cómo toman una decisión así en mitad del curso, pero la verdad es que todas hemos respirado con alivio. Incluso se oían risas en los pasillos esta mañana. Esa vieja bruja amargada y cruel nos torturaba diariamente en sus clases. Nadie la echará de menos.
En su lugar, ha entrado un nuevo profesor al que nadie se ha tomado la molestia de presentar. Una cosa está clara: no es de aquí. Parece extranjero, por el suave acento y sus ademanes apostaría que es niemiecki.
No me gusta. Tiene una actitud severa y una forma de mirar extraña, casi animal.
De todos modos, peor de como nos fué con la profesora Wosniak no será.
Hoy han arreglado por fin la calefacción y a la tarde ha empezado a nevar. Me gusta mirar por mi ventana mientras veo caer los pequeños copos, que parecen danzar, ingrávidos, en balancé, hasta que tocan el suelo y se funden con la nieve... Me hacen sentir más relajada.
