Las dos pelirojas que bailaban al fondo del bar apenas parecieron prestarte atenci贸n. No eran habituales del local, ni siquiera parec铆an sentirse c贸modas en aquel s贸tano ruinoso sin licencia de apertura. No tardaron en desaparecer y con ellas la esperanza de acabar esa noche con el aburrimiento.




Te tomaste un par de copas m谩s antes de salir de all铆, pasadas las 2 de la ma帽ana. De todos modos no ten铆as otro plan mejor y como siempre, nadie te esperaba en casa para cuando regresaste.

¿Y la camarera paliducha? Es extra帽o, pero jurar铆as que no la volviste a ver detr谩s de la barra. Era como si nunca hubiera estado all铆. La verdad, las flacas acartonadas nunca hab铆an sido tu tipo, as铆 que tampoco la echaste de menos.