Mis pies están muy lastimados. Hoy he perdido clase porque he tenido que ir a la enfermería y la doctora que me ha atendido después ha estado hablando con mis tutores.
La doctora se refirió a un posible neuroma. No entiendo nada de medicina, pero sé que no tiene buena pinta. Después en mi cuarto he estado haciéndome una pequeña cura. Las vendas, las tiritas, los apósitos y los antiinflamatorios son habituales en mi ritual, pero el dolor que siento en mis dedos es más intenso, más profundo que cualquier herida superficial...
Me preocupa que me obliguen a descansar, o incluso que me aparten del ballet. La sola idea de tener que abandonar me aterra.
A veces, para aliviarme suelo concentrarme en el dolor. Al principio la sensación es sólo una molestia pero según me concentro el dolor se vuelve vívido, intenso, y va alternando de lo más agudo a lo más grave, de forma intermitente. Las últimas punzadas son como una llama que me quema, tan intensa que me hace llorar... luego, de repente, es como si consiguiera dormirlo, como si lograra privar de sensibilidad esa zona de mi cuerpo. Y entonces, me tranquilizo, y sonrío, porque sé que si me lo propongo con fuerza no hay dolor, ni mal, ni demonio en el mundo que pueda apartarme de mi sueño.
